Encontré escaramuzas en mis ojos, tibios embates de un pronóstico muerto. Mis ojos se estacionaron, fijos, en la culminación de mi soledad. No se combina el derredor con la fuga. Clarea para atracar en los pormenores de la perspectiva, y es cuando me alimento, y mi dentadura es estrépito y coronación, facto de mi conciencia temblando, y comienzo a azotar mis rumbos, esos muslos atreviéndose a dormir, patrias desgastadas por los himnos, pero me inicio al quedarme sin libertad, con la boca sellada en tanto homenaje muerto, de un precipicio latiente, y en la lengua, quebradizas partidas o asunciones del horror. Sin manos para herirme, me sobran manos, y me quedan flores, ampliando vituperios, calzadas para no pisar muertos, fosas móviles para no oler enfermos que se proclaman en las calles amatorias, o anormales que, lentos, cosen su mortaja infinita.
Estoy de viaje, los bordes apedrean mis palabras, me cubro, y siento la angustia de verte colgada en el aire, como una lápida de Dios, como si el viento te hubiese cortado los labios, y el sol, nervioso de pudor, corriera hacia ti para perderse en tus sombras.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home