la tumba de los prismas

Nombre: leinad
Ubicación: Santiago del Estero, Argentina

29 julio 2005

No he hablado en mucho tiempo.
Los silencios profanaron sombras, pero no quietud.
Tú no llamaste a la noche. No abusaste del mar.
Y sin que pidiera socorro, y enemistada con los trucos de la tarde,
has venido, como un camino que busca su cuerpo,
sólo tú entre estas hojas, divorciada de piedad,
y me abriste el cráneo en dos mitades
y en ese regreso no hubo palomas
sino los ojos que tanto tiempo hube guardado.
Esos territorios dormidos, esas ennumeraciones, esa prisa,
para en otras ofrendas verte llegar, y mantenerte intrusa,
indudable en la forja del ahorcado:
"¿con cuántas memorias dormiste esta vez?"
Prescindo de llagarme los ojos, los molinos buscan orígenes que duermen
(aún no los posees en tus escombros).
Has conformado el secreto de arruinarte en belleza,
pero no arrojo nombres en tus zonas,
ni climas de días muertos,
yo, torsos mutilando cenizas, manos que reemplazan diamantes,
órganos que sepultan huesos...
Y desaserme de estas ansias, viable sólo en la muerte,
como un pecado que me tortura de aromas, retina despellejando
cielos, acabando en los muslos del azar,
guardo tu soledad intraducible,
y tu abandono yace como un aparente poema.
¡Quítame las astillas del cráneo, húndelas en mis órbitas,
que tú llamas ojos, y merodeé tu mirada como un orgasmo perdido
en la nada del viento!

26 julio 2005

Difunta ocasión de asolarte.
No menguan las horas
hasta tu horizonte.
Otros sofismas miran tu cuerpo
sin espacios de redención.
Fue la honra que no sepulta orificios,
ni abate los tiempos sellados,
o quizás no es un juego
sino un as que perdió la niebla.

12 julio 2005

Atropello los muros y la tarde:
sólo así sabrás que desconozco.

11 julio 2005

Encontré escaramuzas en mis ojos, tibios embates de un pronóstico muerto. Mis ojos se estacionaron, fijos, en la culminación de mi soledad. No se combina el derredor con la fuga. Clarea para atracar en los pormenores de la perspectiva, y es cuando me alimento, y mi dentadura es estrépito y coronación, facto de mi conciencia temblando, y comienzo a azotar mis rumbos, esos muslos atreviéndose a dormir, patrias desgastadas por los himnos, pero me inicio al quedarme sin libertad, con la boca sellada en tanto homenaje muerto, de un precipicio latiente, y en la lengua, quebradizas partidas o asunciones del horror. Sin manos para herirme, me sobran manos, y me quedan flores, ampliando vituperios, calzadas para no pisar muertos, fosas móviles para no oler enfermos que se proclaman en las calles amatorias, o anormales que, lentos, cosen su mortaja infinita.
Estoy de viaje, los bordes apedrean mis palabras, me cubro, y siento la angustia de verte colgada en el aire, como una lápida de Dios, como si el viento te hubiese cortado los labios, y el sol, nervioso de pudor, corriera hacia ti para perderse en tus sombras.

07 julio 2005

Voy a atraparte.
La noche no sepulta
sus leopardos.

Caen tus hojas sin ojos,
se basan en coloquios infundados,
en vértebras del viento,
caminantes rebosados de quietud;
y desde la fauna anodina,
y desde el litigio de abarcar el estío
con ánimos de bestia,
resumo en la arena el rostro cabizbajo,
el orden en que te fuiste muriendo.

02 julio 2005

Si ha muerto,
si los témpanos se bifurcan
ya sin ojos,
me soy indeciso
y no he marchado.
Inmóvil apoyo la noche
contra mi sangre,
extirpo tu sombra del agua
y amaino el mar
como una prolongación.

El eco vino,
no me ha dicho adiós
en su miseria.