Ya defraudaste este silencio. Te agotaste.
Los rastros de tus pies lo humillaron todo.
Ahora vigilan la ezquizofrenia del paisaje,
esta monotonía de ver virar el horror
en tus pisadas, en este reguero de manos en la prisa.
Mientras haya un engendro entre los muros,
fragmentos de intestinos y pendientes,
con la figura de tartamudeos derrotados por licores,
tú en la apertura de la muerte
dando voluntad al aire,
y este rumbo es el párrafo filtrado por un rostro
y un invierno, tal mañanas tumbadas
en un soplo, y tus retinas anchas en el cielo,
¿permanecen acaso para olvidar los toros?
No sabe si te has acostado.
Da un giro para auscultar tu sombra,
que a distancia de ti madura el tiempo.
Los rastros de tus pies lo humillaron todo.
Ahora vigilan la ezquizofrenia del paisaje,
esta monotonía de ver virar el horror
en tus pisadas, en este reguero de manos en la prisa.
Mientras haya un engendro entre los muros,
fragmentos de intestinos y pendientes,
con la figura de tartamudeos derrotados por licores,
tú en la apertura de la muerte
dando voluntad al aire,
y este rumbo es el párrafo filtrado por un rostro
y un invierno, tal mañanas tumbadas
en un soplo, y tus retinas anchas en el cielo,
¿permanecen acaso para olvidar los toros?
No sabe si te has acostado.
Da un giro para auscultar tu sombra,
que a distancia de ti madura el tiempo.
